Cuando descubres una película que alberga tanto de uno mismo, te alegras de sentirte identificado, te das cuenta del grado neurótico que posees y que de manera generosa entregas a las personas que tratan de vivir de una forma cómoda y sin demasiadas complicaciones.
Greenberg es un personaje inconformista, lleno de manías histriónicas que complica la existencia de quién le rodea, convirtiéndose en ciertos momentos en un ser odioso, no falto de razón por sus continuos desafíos a la sociedad. Ben Stiller cambia completamente de registro dejando atrás al que nos tenía acostumbrados en comedias de seres descerebrados (sin quitarle merito, muchos esperamos Zoolander 2) y como buen actor sorprende con este trabajo creado para el espectador que disfruta viendo historias cotidianas. Se podría haber llegado al extremo de Mejor Imposible y crear situaciones límite para ver como hubiera reaccionado un grupo de vecinos y amigos ante tal personaje, pero su director y escritor de la historia, Noah Baumbach (Margot y la Boda) decide dejar las manías de Greenberg en algo puramente anecdótico sin otorgar mayor profundidad al asunto, algo que como digo, hubiera dado mucho juego en manos de un cómico brillante como Ben Stiller.
La película entretiene, reflejo de muchos aspectos de nuestra vida, locuras personales que son tratadas de manera sutil sin mucha comedura de coco, gente que viene y va resolviendo sus propios problemas, con su forma de ser en la cual nos podemos sentir identificados, puede ser que haya algo más en la cinta, pero yo no lo he visto. Ojo al detalle de las cartas, ¿cuántas veces habremos pensado en hacer lo mismo?

DESPUÉS DE LEER LA ENTRADA