Balada muy triste, con o sin trompeta

Para que todo el mundo me entienda bien empezaré por exclamar: ¡Vaya ida de olla Alex de la Iglesia! (por no decir algo más fuerte). Una locura de guión sin pies ni cabeza, no desde el comienzo del metraje, eso sí.

Unos títulos de créditos maravillosos comparables a los de Watchmen que se suceden ante el espectador prometen una película madura muy bien pensada y creada por uno de nuestros mejores directores, pero a los pocos minutos se queda solo en [...]

Para que todo el mundo me entienda bien empezaré por exclamar: ¡Vaya ida de olla Alex de la Iglesia! (por no decir algo más fuerte). Una locura de guión sin pies ni cabeza, no desde el comienzo del metraje, eso sí.

Unos títulos de créditos maravillosos comparables a los de Watchmen que se suceden ante el espectador prometen una película madura muy bien pensada y creada por uno de nuestros mejores directores, pero a los pocos minutos se queda solo en eso, leves promesas. La película hasta los primeros veinte o treinta minutos está muy bien, se nota una puesta en escena impresionante, buenos actores y mucha pasta gastada a cholón pero es que después de la paliza a Carlos Areces la trama va cuesta abajo, como si formara parte de un guión parcheado; “pon esto aquí, ahora pasamos a esto otro sin nudo argumental, porque sí”, es desconcertante y a la vez muy aburrido, se podrían haber limitado a algo más simple, la eterna guerra entre dos hombres por una mujer, en este caso, sería los dos bandos, el nacional y el republicano, peleando por una España bastante puta, sadomasoquista y veleta, lo que es (algo que ya hizo Berlanga con su magnífica La Vaquilla de una manera sutil pero con igual contundencia).

No entiendo por qué esta película está tan deshilachada, saltando de un lado al otro, queriendo meter todas las ideas a la vez, no centrándose en nada en concreto, creada por un Alex de la Iglesia que empieza seguro de lo que está haciendo y termina como un director niñato, caprichoso, gamberro y con ganas de patear una idea que de base apuntaba estupenda, de vuelta a la segunda parte de Acción Mutante, incomprensible, supongo que todo ha sido debido a la falta de tiempo o tal vez porque no le ha dado la gana.

De todas maneras en este film extravagante, otra parte positiva (para mi gusto no son muchas) y que cabe destacar, es una interpretación tenebrosa de Antonio de la Torre, un gran maltratador que pone los pelos de punta, asusta y hace pasar al espectador unos momentos algo desagradables por no entreverse el límite de su personaje. Carlos Areces, que tan bien inserta ese humor originario de un ser patético, el triste, tiene su auge en los primeros minutos de metraje, enamorado e ilusionado crea los instantes tiernos de la película, reprimido para que no se note muy Chanante se da cuenta, tarde, de lo que es tratar con una mujer como Carolina Bang. Cameos de alto nivel como no podía ser menos, (Santiago Segura que me hace gracia pero con un registro dramático inexistente) y un papel reservado a alguien que marcó y aun lo hace el panorama español, Raphael (echar un vistazo a Amor a Quemarropa, ¿homenaje a Tarantino?) cierran este mejunje que deja frio a más de uno sin saber si Balada Triste de Trompeta te llega a gustar o no, en todo caso y en el mío personal ya que hago esta crítica, la vería de nuevo por si se me ha escapado algo, supongo que lo haré, pero vaya Alex de la Iglesia, personal la peli de cojones.

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