Está muy bien rectificar en la vida. La primera vez que vi al engendro gafapasta del niño Potter pensé en una sucesión interminable de películas creadas exclusivamente para el enriquecimiento de su creadora J.K. Rowling; productores, directores… vorágine de mercaderías y millones de libros comprados compulsivamente edición tras edición. ¿Y las películas? ¿A qué se supone que iban contribuir? Madres y padres orgullosos: “mis niños por fin están leyendo”, vaya, estaban culturizando a la generación Nintendo con expresiones tales como aresto momentum, impresionante.
Voy a romper una lanza (o una varita) a favor de esta saga, para mi juicio, partiendo desde la tercera parte, Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Sintiéndome el … leer +.
